AnaRosaSanfeliu

Opiniones personales publicadas y otros pensamientos

Fuego

Cuando escuchas el crepitar del fuego en el monte, la desesperanza se anida en tu corazón. A un incendio solo le hace falta una brizna o un descuido para comenzar, pero acabar con él no es tan sencillo. Como un gran monstruo voraz, va devorando metro a metro a su víctima. El terreno se muestra inerme ante su virulencia. Los árboles sucumben sin defensa propia a un enemigo despiadado.

Lo peor de esto es que, como todas las tragedias del siglo XXI, nos hemos acostumbrado a verlas y seguir nuestras vidas sin mayor preocupación. Hace un año, el pánico se apoderó de nosotros ante la alerta Ebola. Hoy, ni nos acordamos de que siguen muriendo centenares de personas por esta enfermedad. Cuando sale la noticia de una víctima de la violencia machista, nos escandalizamos y le arrancaríamos la piel a tiras al maltratador. Pero cinco minutos más tarde, con la noticia de la marcha de Casillas, la víctima se queda en un segundo plano.

Así sucede con el fuego. Es como los mosquitos, vuelve cada verano. Y cada verano vemos las campañas institucionales tratando de concienciarnos sobre la necesidad de no hacer burradas en el monte. Sin embargo, basta que el “manegueta” diga, vamos a hacer una “torrà“, para que uno se crea el heredero del Dios del Fuego. 

 

Y en caliente, con el monte ardiendo, vuelven las criticas sencillas. ¿Qué no hay suficientes medios? ¿Qué no hay suficientes vigilantes? ¿Qué no hay suficientes bomberos?  ¿Qué los bomberos no están donde han de estar?

Parece una antítesis, pero la respuesta positiva a estas preguntas no solucionaría el problema de los incendios, porque algunos no los evitaríamos ni aunque pusiéramos un bombero bajo cada pino.

La realidad es que se ha avanzado mucho, pero siempre nos parecerá poco, cuando veamos en nuestros pueblos al fuego devastando los pinares. No podremos nunca prevenir todas las causas posibles, porque siempre quedará a la maldita suerte, que un rayo caiga seco donde haya leña viva.

El verdadero avance contra el fuego es pensar en futuro. El verdadero avance contra el fuego es el progreso de nuestros pueblos de interior. La verdadera lucha contra el fuego es hacer viable el monte.

Si fuera económicamente rentable mantener limpios nuestros montes, no solo conseguiríamos minimizar el impacto del fuego, que no encontraría combustible, sino que podríamos tener un territorio más sostenible, más equilibrado y más justo.

 

 Castellón tiene miles de hectáreas que conforman una riqueza natural de incalculable valor, pero a las que no sabemos sacarle partido. El campo no es rentable. La vida que te ofrece es apenas de supervivencia y, por mucho paro que haya, nadie quiere trabajar la tierra. Es poco agradecido y demasiado cansado.

Esta sociedad es demasiado vaga para ponerse manos a la obra a la solución más eficaz que es cuidar el monte y cuidar de nuestros pueblos. Como siempre, es más fácil criticar que trabajar.

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Esta entrada fue publicada en 10 julio, 2015 por en Hablar por no callar y etiquetada con , , , , , .

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