AnaRosaSanfeliu

Opiniones personales publicadas y otros pensamientos

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Cuando la violencia lo inunda todo, no quedan excusas para describir la egoísta y despreciable naturaleza del ser humano. No sé cómo lo hacemos, pero esta especie de la que formamos parte, no sabe apreciar el valor de lo que tiene, el privilegio de las cosas que somos capaces de crear para avanzar y, termina siempre por destruirlas.

Desde luego las guerras y el terrorismo son los efectos más notables. Pero ese dramatismo de acabar con quien no es como tú o piensa como tú, se extrapola hasta las cosas más ínfimas y sencillas de la vida. La envidia al vecino es un sentimiento que no hemos podido erradicar, porque en lugar de intentar ser mejores por nosotros mismos, nuestra reacción es destruir a quien le va mejor que a nosotros.

En España, esto ya se eleva a unos niveles increíbles para quienes no concebimos el mal como fin. Las dos Españas de Antonio Machado siguen vivas y encima hay quien se encarga de que la llama nunca se apague. Así que el mero hecho de que una persona no piense como tú o no pertenezca a tu corriente política, no sólo le convierte en un adversario sino también en un enemigo.

Esta semana hemos tenido que asistir al lamentable suceso de la muerte a tiros de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León. La causa parece ser que por una venganza personal por un despido. Ejemplo número uno de nuestra incapacidad de aceptar nuestra realidad. Si la vida nos trata mal, a alguien debemos culpar y convertir en nuestro chivo expiatorio, y además, no sólo despreciarlo, sino desearle la muerte.

Si esto ya es vil, hemos tenido que asistir al abuso que de las redes sociales se ha hecho para ejercer el síndrome de convertir en enemigo a mi adversario. Van ya dos concejalas socialistas dimitidas por haber hecho apología de este asesinato en twitter. Los 140 caracteres de este microblogging que tanta libertad y beneficios nos han dado, por ejemplo para conocer los abusos en países reprimidos como sucedió en la primavera árabe, aquí se ha convertido en un gesto ruín. Ya lo habíamos visto con los proetarras que proliferan por la red e incluso con la fallida muerte de Raphael el pasado fin de semana.

Las redes sociales que han permitido que estemos conectados y podamos ejercer nuestro derecho de información y libertad de expresión, se han convertido también en la tiranía de los intolerantes electrónicos. Se les llama trolls, pero realmente son delincuentes de la palabra.

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Esta entrada fue publicada en 19 mayo, 2014 por en Hablar por no callar y etiquetada con , , , .

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