AnaRosaSanfeliu

Opiniones personales publicadas y otros pensamientos

Tonos perdidos

accidenteSupongo que como ustedes, tengo todavía el corazón en un puño tras ver y conocer la noticia del accidente ferroviario de Santiago. Es en los momentos en que las vidas estan en juego, cuando el resto de problemas derivados de una sociedad acomodaticia como la nuestra, nos hacen avergonzarnos de perder el valor de lo esencial.

No puedo evitar sentir el dolor de las personas que, sabiendo que un familiar suyo viajaba en el tren, esperaban como un reo frente al cadalso, a que el verdugo les de la buena noticia de que está herido, o la puntilla de que su ser querido a muerto.

Se me asemeja a los cristianos frente a los leones romanos, esperando que la muerte les reconozca y les huela, pero no se les coma. Y mientras tanto, esta lujuria de tecnología que nos asiste a todos en estos momentos, nos pone a prueba de la esperanza.

A esa persona que solo reza porque no pase nada. Porque eso si, en esos momentos, de impotencia, rezar es lo único que nos queda. Se crea o no se crea en Diós. Se rece al Diós de los cristianos o a una divina providencia cualquiera que nos asista en gracia para no ser la bola negra del bombo. Es esa persona, sólo le queda ese insensible y aséptico instrumento que nos acompaña ya de por vida. El móvil, Diós de las noticias. Y se llama…y se llama…y suenan los tonos…y a cada tono de más, se aleja la esperanza.

Móviles que, de heridos o fallecidos, ya no permanecen frente a sus dueños, pero que son el único vínculo del mundo de los vivos que nos queda, en demasiadas ocasiones, con quien ya no está con nosotros.

Pasó en Atocha el 11M y sólo fue el reflejo de lo ya visto y vivido en las torres gemelas en el 11S. Móviles que sonaron, mensajes que quedaron grabados en contestadores que nunca nadie escuchará. Que se lanzan al cielo de los bits esperando que regresen con el hálito de vida que se ansía para ese familiar que no ha aparecido.

En la novela de Alejo Carpentier, Los pasos perdidos, el protagonista deja atrás su vida convencional y se interna en la selva a la búsqueda de lo auténtico. Luego, el tiempo le aleccionará cuando no podrá volver a la realidad, ni seguir en el sueño de una vuelta atrás.

Así nos pasará hoy a nosotros. Como la letra que con sangre entra, aprendemos a golpe de accidente, la fragilidad de la vida, la pérdida del valor de lo realmente importante. Durante unos días viviremos en esos pasos perdidos que nos obligan a darnos cuenta del error. Luego poco a poco, en sordina iremos olvidando el dolor, pero lamentablemente, la vida, para muchos dejará de ser igual, porque ya no podrá recuperar lo perdido.

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Esta entrada fue publicada en 26 julio, 2013 por en Hablar por no callar y etiquetada con , .

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