AnaRosaSanfeliu

Opiniones personales publicadas y otros pensamientos

Pueblos

LA CIUDAD NO ES PARA MIMientras Acuarius nos ponía sentimentales compadeciéndose de aquellos que no tienen pueblo, pocos son los que realmente saben lo difícil que es la vida en un pueblo. Lejos de lo bucólico y de lo tiernas que son las ovejas en un día soleado, quedan el frío, la falta de servicios y la escasas oportunidades que tienen jóvenes y mayores, si se vive en un pueblo y encima es pequeño y de montaña.

Castellón es una de las pocas provincias en las apenas hay pueblos abandonados. De hecho, uno de los últimos pueblos abandonados, Bel, en el corazón de la Tinença, hoy está repoblado por una veintena d personas que aguantan estoicamente en condiciones nada sencillas para vivir.

Por eso me enfurece ver que ciertos habitantes de Cataluña se quejen de un supuesto agravio por las aportaciones del gobierno. Sobre todo, si tenemos en cuenta que, esa comunidad es probablemente, en la que más extremismo se da entre las zonas ricas y los pueblos, empobrecidos, abandonados y dejados de la mano de…Más, en este caso.

Por eso lamento que, cuando alguien intenta poner orden, después de muchos años viendo en primera persona el despilfarro que se ha cometido en demasiados pueblos (sin ir más lejos la priorización de la construcción de pipicanes con el plan E, justo en un momento de declive económico), lo primero que se les ocurra a algunos es protestar por su sueldo, antes que exigir más cautela con sus conciudadanos y pueblerinos a mucha honra.

La sabiduría popular, que es muy sabía, ya lo dice. “Donde comen tres, comen cinco”. Y eso significa racionalización del gasto y el equilibrio entre las partes de un todo. Vamos, aproximadamente, que se aplique en lo público lo que ya hacemos en las familias. Porque cuando los hijos, ya casados, han salido de su casa, la han alquilado y se han ido a vivir con sus padres, no es por otra cosa más que racionalizar los gastos y con los mismos dineros, hacer más cosas.

puebloBel        Los pueblos deben mantener su identidad, sus tradiciones, su cultura y, por supuesto, sus vecinos. Pero poco tiene que ver la memoria histórica de un pueblo con la recogida diaria de las basuras, y mucho menos, con quien paga al electricista que cambia la bombilla de la farola cuando se funde.

Seamos un poco sensatos y empecemos a poner orden. Que no haya duplicidades de servicios, que se exija y fiscalice la calidad de los servicios, que no se pierdan derechos, pero sobre todo que se recupere la honradez y la vida en los pueblos.

Un comentario el “Pueblos

  1. Buen artículo Ana, como siempre. Me gusta

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