AnaRosaSanfeliu

Opiniones personales publicadas y otros pensamientos

El mundo de los canallas

Hace algún tiempo, las niñas cantaban aquello que Concha Velasco no enseñó: ‘Mamá, quiero ser artista!, porque se suponía que el teatro te daba una vida singular y llena de éxitos. Más tarde aprendimos de la boca de Irene Cara en Fama, que “la fama cuesta y que hay que empezar a sudar para ganarla”. Unas décadas después, Bisbal y Chenoa nos devolvieron la ilusión de que no había que preocuparse demasiado por aprender, porque la fama se conseguía con audiencia.

chipreSin embargo, vista toda esta retrospectiva, la situación de nuestro país y el reciente rescate de Chipre, he diagnosticado que, realmente, el mundo es de los canallas.

Me pongo en el papel de un chipriota cualquiera. Uno que se haya pasado los últimos treinta años trabajando como un burro. Sacando a su familia adelante, llevando a los hijos a la universidad y sudando la gota gorda para llegar a los sesenta con unos ahorrillos en el banco. A ese, en estos momentos, por tener un depósito bancario ¡zas, rescatazo al canto!. De lo poco que había ahorrado, un porcentaje para el gobierno.

Sin embargo, el canalla que se haya pasado toda la vida apurando, viviendo al día, dejando a deber y no ahorrando; ese, el rescate le pasará sin pagar ni un céntimo.

-fAquí en España, andamos con las mismas y hoy no quiero referirme a la clase política. Véase: Aquel que sale de su casa, cobra el paro y hace chapuzas hasta decir bastante y cobra un sobresueldo en negro. Ese tiene liquidez. Al que cumple religiosamente con sus impuestos, lo pone todo en blanco, se da de alta de autónomo y factura, ese, castigo de Diós, no llega a fin de mes.

No hablo del caso de los EREs donde un líder sindicalista ha conseguido dejar tan degradada la imagen de los sindicatos como Blanco, Pujol y Barcenas a los políticos. No. Hablo canallas comunes. Del vecino que no paga la cuota, pero se aprovecha de todo. Del dentista que no declara todos los empastes. O del ignorante hostelero que se le ocurre de verdad decir cuantas mesas pone en la calle y no como la mayoría que las cuenta, como en el parchís, pero a la española: Contando una y comiendo veinte.

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Esta entrada fue publicada en 22 marzo, 2013 por en Hablar por no callar y etiquetada con , , , , , .

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